Hoy se cumplen 40 días de la
Navidad, del Nacimiento de Jesús. Y por eso conmemoramos lo
que se realizó en el Templo de Jerusalén, cuando la Santísima
Virgen María, acompañada por su esposo San José, llevaba al
Niño, según la costumbre de los judíos, para presentarlo a su
Señor.
La Santísima Virgen nos presenta a su Divino
Hijo. Fue al Templo a presentarlo a Dios, pero también lo
presenta a la humanidad, porque como nos dice la Carta a
los Hebreos, Jesús tomó nuestra sangre, quiso ser de
nuestra familia. Jesús viene al Templo para congregarnos como
una sola familia porque somos la raza humana, pero también
porque participamos ya de la vida divina. (...)
En el Evangelio de hoy, nos dice Simeón que Jesús
es Luz que alumbra a las naciones, el bien para todos los
pueblos. Pensemos en nuestra nación, en nuestro querido
México: vino María a traernos la Luz de su Hijo divino, al
aparecerse, al manifestarse en el Tepeyac. En México, país
privilegiado –como diría un Papa: "No ha hecho nada igual con
ninguna otra nación"–, se quedó la Imagen Santísima de María
llevando en sus entrañas al Hijo de Dios, al Sol que
resplandece en la tilma de Juan Diego. Tenemos nosotros, como
nación, como patria, la presencia de María, que nos trae a
Jesús.
Este año que se cumplen dos siglos del movimiento
de la Independencia nacional, recordemos cómo el Señor Cura
Miguel Hidalgo tomó el estandarte de la Guadalupana para
hacernos comprender que este pueblo es un pueblo de Dios, al
que María le trajo la fe, pueblo que no sólo en la colina del
Tepeyac sino en todo nuestro territorio, quiere María de
Guadalupe hacer presente a su Hijo Jesús, Luz de las naciones,
gloria de su pueblo.
María, "la Patrona de nuestra libertad", tiene
que ser también quien ilumine a nuestros gobernantes; quien
haga comprender a todos los ciudadanos que estamos llamados a
ser una familia de hermanos; donde se calmen los odios; en
donde no haya venganza; en donde podamos reconocer en el más
humilde, en el más pequeño, a Cristo mismo, que se hizo de
nuestra sangre, para destruir mediante su muerte al diablo.
¡Cómo debemos nosotros orar y trabajar por la
transformación de nuestro pueblo! Como dicen los que rezan en
la vigilia de la Adoración Nocturna: "¡México, México,
conviértete al Señor tu Dios!" Es el Hijo de María el que
viene a llamarnos para recibir su bendición, su perdón, la
gracia de la reconciliación.
Hoy, imploremos a la Santísima Virgen María que
interceda ante su Divino Hijo por cada una de nuestras
familias y por nuestra amada patria, para que se mantenga
encendida la luz de la fe; para que no nos avergoncemos de ser
discípulos de Jesucristo Salvador; para que seamos, también
nosotros, luz para los demás con nuestro ejemplo, con nuestro
testimonio, atrayéndolos de manera sencilla y humilde, pero
también valiente y generosa al camino de la conversión.