El próximo domingo 5 de julio, en todo México se
realizarán las elecciones legislativas para renovar la Cámara
de Diputados Federales. Además, en el Estado de Guanajuato
también habrá elección de Presidentes Municipales.
Bien sabemos que por principio sano y legítimo de
separación entre la Iglesia y el Estado, no nos toca a los
Obispos y Sacerdotes hacer campaña a favor o en contra de un
partido o candidato. Sin embargo, como ciudadanos y además
como creyentes, sí nos sentimos responsables de colaborar de
manera responsable en el bien de nuestra patria.
Nuestra fe cristiana y nuestra misión pastoral nos piden
defender los derechos humanos, la vida en primer lugar, la
familia, la libertad religiosa y otros derechos que están
plasmados en nuestras leyes. Por eso creemos que es nuestro
deber exhortar a todos los católicos a que razonen su voto, a
que prefieran a aquellos candidatos que en sus propuestas
estén a favor de los valores morales.
Es preciso participar. Hay voces que por un desencanto y
escepticismo, en cierta forma comprensibles, están llamando a
votar en blanco o simplemente no ir a votar. Considero
sinceramente que esto no ayudaría, pues dejaríamos que unos
pocos decidan por la mayoría. La construcción de un país
democrático pide que todos los ciudadanos actúen. Una forma
importante, aunque no es la única, es elegir a quienes hacen
las leyes que rigen la vida social.
Vivimos un momento verdaderamente crítico en el que urge
dignificar la política. Más que promesas demagógicas o
intereses personales, los aspirantes a ejercer una función
pública han de demostrar calidad moral, honestidad,
preocupación por los problemas de la gente y verdadero
propósito de trabajar por los demás. Quienes tienen cargos de
autoridad están sometidos a presiones y en ocasiones incluso
padecen amenazas que los ponen a prueba. Requieren una virtud
heroica para mantenerse fieles a su conciencia.
Para ser buen candidato se exige además una capacitación
especial, una preparación técnica para tratar los asuntos,
para discernir, para dialogar y buscar consensos sin claudicar
en lo esencial. En el caso de los Ediles se supone un mínimo
de habilidad para coordinar un equipo de trabajo y supervisar
la administración.
A los electores nos toca conocer a los candidatos, su
trayectoria y su pensamiento. Con seriedad hemos de ser
críticos y libres, sabiendo por otro lado que estamos ante
personas que no son perfectas ni podrán resolver mágicamente
los problemas. Con fe y esperanza hemos también de orar por
quienes resulten electos para que abran su mente y su corazón
al Espíritu, principio de sabiduría y de santidad.