HECHOS PASTORALES DE LA IGLESIA MORELIANA

El décimo Obispo de Michoacán, don Fray Marcos Ramírez del Prado, O.F.M., se distinguió durante sus 26 años de gestión pastoral en esta Diócesis (1640-1666) por el inicio de la construcción material de la actual Catedral en 1660. Celebró dos sínodos diocesanos y dio sabias disposiciones para el buen gobierno de las parroquias.

El décimocuarto Obispo de Michoacán, don Juan de Ortega y Montañez, se distinguió por sus célebres "Ordenanzas" a los curas y jueces eclesiásticos de su Diócesis para una mejor atención de las necesidades pastorales de los fieles; se ausentó un tiempo de su Diócesis para servir en la ciudad de México como Virrey de la Nueva España y después regresó a su sede a continuar su trabajo pastoral.

En el siglo xviii se distinguieron por su obra asistencial, promocional y educativa los Sres. Obispos D. Juan José Escalona y Calatayud, quien construyó la Calzada de Guadalupe, el Palacio Episcopal; todas sus rentas las repartió entre los pobres. Don Francisco Pablo Matos Coronado erigió en Valladolid el Colegio de Santa Rosa María para niñas huérfanas (conocido luego como de "Las Rosas")

Don Martín de Elizacoechea visitó varias veces su Diócesis y se distinguió por ser un gran benefactor de los pobres, y el gigante de la caridad don Fray Antonio de San Miguel Iglesias, que desarrolló una obra social y caritativa como pocos. Repartió cuantiosas limosnas en favor de los pobres durante una sequía que asoló a su Diócesis. Fundó hospitales y edificó el acueducto de Valladolid para dar trabajo a sus habitantes y proveer de agua a la ciudad episcopal. Hizo una norma para su vida la célebre frase que se le atribuye: "La mejor manera de hacer caridades es promoviendo obras de beneficio social".

En el siglo xix hubo tres grandes Obispos que llevaron muy alto el nombre de Michoacán:

Don Juan Cayetano Gómez de Portugal, que fue el gran unificador de la Iglesia de Michoacán después de la guerra de Independencia. Reestructuró el Seminario y se dedicó a visitar su Diócesis. Se desempeñó como Diputado al Congreso de la Unión por Guanajuato y fue Senador por Jalisco. Hizo frente al decreto oficial sobre provisión de canonjías, prebendas y curatos, se opuso a su ejecución y sufrió el destierro. Fueron tantos sus servicios a la Patria y a la Iglesia, que el Papa Pío IX lo nombró primer Cardenal de América y de México, nombramiento que llegó a la ciudad episcopal un mes después de su muerte.

Don Clemente de Jesús Munguía, gran pastor, filósofo y defensor de los derechos de la Iglesia, fue desterrado varias veces por defender la justicia y odiar la iniquidad. Gestionó ante la Santa Sede la división de su Diócesis, cediendo parte para las Diócesis de San Luis Potosí y Chilapa, y la totalidad de los territorios de León y Zamora. El Papa Pío IX lo nombró Delegado Apostólico para la ejecución de los decretos de erección de varias Diócesis mexicanas.

Don Ignacio Árciga y Ruiz de Chávez, segundo Arzobispo de Michoacán, fue el restaurador de la cultura y de la religión en esta Diócesis, devastada por las guerras de Reforma. Edificó el nuevo edificio del Seminario y lo dotó de magníficos maestros. Visitó su Diócesis, predicó misiones, fundó escuelas parroquiales, consagró nuevos templos, erigió parroquias, restauró la Catedral y la Basílica de Pátzcuaro, presidió en 1897 el Primer Sínodo Provincial y coronó la imagen de Nuestra Señora de la Salud en Pátzcuaro. Murió el 7 de enero de 1900.

 

En el siglo xx, Dios Providente dotó a la Arquidiócesis de Morelia de grandes y celosos pastores: Don Atenógenes Silva, hombre de profunda elocuencia, promotor de los congresos sociales y semanas agrícolas, difusor de la devoción al Sagrado Corazón y promotor de la educación católica en todas las parroquias. Don Leopoldo Ruiz y Flores, un hombre paciente, de profundo amor a la Iglesia y de fidelidad inquebrantable a la Santa Sede. Fue Delegado Apostólico y protagonista de los arreglos del conflicto religioso de 1926-29 con el presidente Emilio Portes-Gil. Tuvo que sufrir el destierro en varias ocasiones. Se apoyó, para la conducción de su grey, en don Luis Mª Martínez, como Obispo Auxiliar y Arzobispo Coadjutor. Don Luis Mª Altamirano, quinto Arzobispo de Morelia, fue un predicador de altos vuelos. Promotor de la Acción Católica en todas sus ramas. Celebró un Congreso Eucarístico y un Congreso Nacional Misionero. Impulsó la educación y se dedicó en cuerpo y alma a la renovación pastoral de su Diócesis y en particular del Seminario, dotándolo de instalaciones adecuadas a las necesidades de su tiempo. Fue el ejecutor de varias coronaciones de imágenes marianas con delegación pontificia. En su quehacer pastoral lo auxiliaron los Sres. Obispos D. Salvador Martínez Silva, D. Jesús Tirado y D. Román Acevedo. Fundó y sostuvo la obra de los Catecismos de San Roberto Belarmino, dio auge a la Música Sagrada y asistió a las sesiones del Concilio Vaticano II. Los últimos años de su vida fue asistido en su oficio de pastor por Mons. Manuel Martín del Campo, Arzobispo Coadjutor de Morelia con derecho a sucesión, quien puso las bases de las nuevas estructuras pastorales exigidas por el Concilio.

 

D. Estanislao Alcaraz (1918-2006)

La acción pastoral de Don Estanislao Alcaraz, recientemente fallecido, fue muy fecunda: Se preocupó por la unificación de criterios pastorales, reestructuró la Curia Diocesana y el cuerpo de Vicarios Foráneos, fundó el Consejo Presbiteral, creó la Curia de Pastoral con varios Secretariados, dio atención especializada al Seminario y a los nuevos sacerdotes, promovió la creación de numerosas parroquias, dio auge a la Pastoral Social y creó nuevos Santuarios diocesanos para atender a los peregrinos y encauzar la religiosidad de nuestro pueblo. Favoreció muchas obras materiales en la ciudad episcopal y en las parroquias. Dividió la Arquidiócesis en Zonas Pastorales y al frente de cada una puso un Vicario Episcopal, para que éstos le auxiliaran en la conducción y coordinación de las diferentes áreas de pastoral. Multiplicó los cursos de renovación pastoral, fomentó los movimientos apostólicos y alentó la formación de agentes, la atención a los religiosos y religiosas. Presidió la Primera Asamblea Diocesana de Pastoral en febrero de 1993, y en febrero de 1995 entregó a Mons. Alberto Suárez Inda una Arquidiócesis con bases firmes para seguir adelante la renovación pastoral y la Nueva Evangelización.

 

 

D. Alberto Suárez Inda (n. 1939)

El 23 de febrero de 1995 tomó posesión como octavo Arzobispo de Morelia D. Alberto Suárez Inda. A dos años de su arribo a Morelia ya había visitado todas las Foranías. Se ha preocupado por la formación permanente del Clero, celebró la Preasamblea Diocesana de Pastoral para actualizar el marco de la realidad y la elaboración del marco doctrinal en orden al Plan de Pastoral. A fines de Mayo de 1996 presidió la Segunda Asamblea Diocesana de Pastoral con una asistencia de 800 personas entre sacerdotes, religiosas y laicos, donde se aprobó el marco doctrinal y se llegó a la elaboración del objetivo general y los objetivos específicos. Reestructuró las Zonas Pastorales, creó el Consejo Presbiteral y ha realizado mejoras materiales en las oficinas de la Secretaría del Arzobispado, Casa San Luis y Seminario. Realizó una Visita Pastoral a las comunidades de la Arquidiócesis en tres años, comenzando el 28 de enero de 1997 y culminando el 29 de octubre de 1999.

El Presbiterio Diocesano, las comunidades religiosas y los laicos se han esforzado por actualizar su ministerio y compromiso profético, iluminados por las enseñanzas del Concilio Vaticano II y los Documentos del Magisterio de la Iglesia, especialmente los relativos a América Latina como son: Medellín, Puebla y Santo Domingo. Igualmente las encíclicas y exhortaciones apostólicas del Papa Juan Pablo II, los mensajes de la Conferencia Episcopal Mexicana y de nuestros pastores han sido pauta para su quehacer pastoral en su triple ministerio profético, regio y sacerdotal.

El carisma de la vida consagrada en la Arquidiócesis es muy fecundo y variado: existen 13 monasterios de religiosas contemplativas, 140 casas de religiosas de vida activa dedicadas especialmente a la educación, a la pastoral asistencial, casas de formación y otras actividades propias de su oficio. Algunas Congregaciones han nacido en esta Arquidiócesis, como las Hermanas del Sagrado Corazón y de los Pobres, a principio del siglo xx; en 1930, las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo, Las Misioneras Trabajadoras Sociales de la Iglesia, el Instituto Secular "Sal Terræ", las Misioneras del Santo Niño Jesús de la Salud, etc.